Ocultismo practico tarot
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OCULTISMO PRÁCTICO

Helena P. Blavatsky

El ocultismo en oposición a las artes ocultas

Insinuaciones prácticas para la vida diaria

IMPORTANTE PARA LOS ESTUDIANTES

Hay muchos que ansían instrucciones prácticas de Ocultismo; y, por lo tanto, es 
necesario dejar sentado de una vez para siempre:

1) La especial diferencia entre el Ocultismo teórico o Teosofía y el Ocultismo 

práctico o Ciencias Ocultas.

2) La índole de las dificultades que entraña el estudio del Ocultismo práctico.

Es muy fácil ser teósofo, pues puede serlo cualquiera de medianas facultades 
intelectuales, aficionado a la metafísica, de conducta pura e inegoísta, que mayormente 
se goza en prestar que en recibir auxilio, que siempre está dispuesto a privarse de su 
gusto en bien de los demás, y sea amante de la verdad, la bondad y la sabiduría en sí 
mismas y no por el provecho que prometan allegar.
Pero muy distinto es entrar en el sendero que conduce al conocimiento de lo que debe 
hacerse, discerniendo acertadamente entre el bien y el mal; y también conduce al 
hombre al punto en que le es posible hacer cuanto bien desea, sin ni siquiera a veces 
levantar en apariencia un dedo de la mano.
Además, hay un importante hecho que le conviene conocer al estudiante, y es la enorme 
y casi ilimitada responsabilidad asumida por el instructor en beneficio del discípulo. 
Desde los gurús orientales hasta los pocos cabalistas de países occidentales que enseñan 
los rudimentos de la ciencia sagrada, ignorantes muchas veces del riesgo a que se 
exponen, todos los instructores están sujetos a la misma ley inviolable. En cuanto 
empiezan a enseñar de veras y confieren tal o cual poder o facultad a sus discípulos, sea 
de índole física, psíquica o mental, cargan sobre sus hombros todos los pecados del 
discípulo, ya de omisión, ya de comisión, que se refieren a las ciencias ocultas, hasta el 
momento en que el discípulo llega a Maestro, y es directamente responsable. Hay una 
mística y fatal ley religiosa que reverencian y observan los cristianos de la Iglesia 
griega, que tienen medio olvidada los de la romana y está absolutamente abolida entre 
los protestantes. 
Data de los primeros días del Cristianismo, y es símbolo y expresión de aquella otra ley 
oculta a que antes nos referimos acerca de las relaciones entre Maestro y discípulo. 
Consiste en que el padrino y la madrina de la criatura en las fuentes bautismales 
contraen parentesco espiritual entre sí y con su ahijado (1). 
Los padrinos toman tácitamente sobre sí todos los pecados del ahijado (2) hasta que éste 
tiene uso de razón para conocer el bien y el mal, y es responsable de sus actos. Esto 
explica por qué los Maestros son tan escrupulosos, y por qué a los discípulos se les 

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exigen siete años de prueba para demostrar su aptitud y adquirir las cualidades 
requeridas por la seguridad de Maestro y discípulo.
El Ocultismo no es magia. Resulta relativamente más fácil aprender las artimañas del 
hechizo y los procedimientos para valerse de las sutiles pero todavía materiales fuerzas 
de la naturaleza física, porque muy luego se despiertan las potencias del alma animal del 
hombre y prontamente se desarrollan las energías actualizadas por su amor, su odio y 
sus pasiones. Pero esto es magia negra o hechicería, pues únicamente del motivo 
depende que el ejercicio de una facultad sea maligno y negra magia o bien magia blanca 

y provechoso. Cuando en el actuante queda la más leve huella de egoísmo, no es posible 
utilizar las energías espirituales, porque la intención no es absolutamente sincera, y la 
energía espiritual se transmutará en psíquica, obrando en el plano astral con tal vez 
funestos resultados.
Las potencias y energías de la naturaleza animal, lo mismo puede utilizarlas el egoísta y 
vengativo, que el abnegado e indulgente. Las potencias y energías del espíritu sólo 
cederán al manejo de quien tenga perfectamente puro el corazón. Esto es magia divina.
Así pues, ¿qué condiciones se requieren para ser estudiante de la Sabiduría divina? 
Porque conviene advertir que no es posible instrucción alguna sobre este punto a menos 
que durante los años de estudio se satisfagan y rigurosamente se cumplan determinadas 
condiciones. Éste es un requisito indispensable y sine qua non. Nadie sabrá nadar si no 
se arriesga en aguas profundas. 
Ninguna ave puede volar antes que le crezcan las alas y disponga de espacio para 
moverlas y de valor para lanzarse al aire. Quien quiera manejar una espada de dos filos 
debe saber esgrimir a la perfección el florete para no herirse, o lo que es peor, dañar a 
otros al primer intento. 
Todo instructor oriental posee "reglas privadas" con el objeto de facilitar con toda 
seguridad el estudio de la Sabiduría divina; y esto dará aproximada idea de las 
condiciones en que se ha de proseguir dicho estudio, para que la magia divina no se 
invierta en magia negra. Los pasajes siguientes están escogidos de entre gran número de 
ellos y se continúa su explicación entre paréntesis:

l) El lugar elegido para recibir instrucción debe ser tal, que no se distraiga la mente y 
esté lleno de objetos magnéticos de "estimuladora influencia". Entre otras cosas, han de 
estar reunidos en un círculo los cinco colores sagrados. El lugar debe hallarse libre de 
toda influencia maligna que se cierna en el ambiente.
[El lugar ha de servir exclusivamente para la instrucción, y apartado de propósito. Los 
“colores sagrados" son los matices del espectro, dispuestos en determinado orden, pues 
son muy magnéticos. Por "influencias malignas" se entiende toda perturbación, disputa, 
altercado, malos sentimientos, etc., que se imprimen inmediatamente en la luz astral, 
esto es, en la atmósfera del lugar y se difunden "por el aire". Esta primera condición 
parece a primera vista muy fácil de cumplir, pero bien considerada resulta una de las 
más difíciles de obtener.]

2) Antes que se le permita al discípulo estudiar "cara a cara", ha de adquirir 
conocimientos preliminares en una selecta compañía de otros discípulos legos 
(upasakqs), cuyo número necesariamente debe ser impar.
[“Cara a cara" significa en este caso un estudio independiente o separado de los demás; 
cuando el discípulo adquiere la instrucción cara a cara de sí mismo (su divino YO 
superior) o de su gurú. Entonces recibe cada cual su debida información según el uso 
que haya hecho del conocimiento recibido. Esto sólo puede acaecer al término del ciclo 

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de instrucción.]

3) Antes que tú (el instructor) comuniques a tu lanú (discípulo) las buenas (santas) 
palabras del LAMRIN, o le permitas "disponerse" para Dubjed, debes tener cuidado de 
que su mente esté por completo purificada y en paz con todos, en especial con sus otros 
Yoes. 
De la contrario las palabras de Sabiduría y de la buena Ley se dispersarán 
arrastradas por los vientos. 
["Lamrin" es un tratado de instrucciones prácticas escrito por Tson-kha-pa. Consta de 
dos partes: una, con fines eclesiásticos y exotéricos, y otra para uso esotérico. 
"Disponer" para Dubjed es preparar los objetos usados en la videncia, como espejos y 
cristales. Los "otros Yoes" se refieren a los condiscípulos. A menos que entre los 
estudiantes reine la mayor armonía, no será posible el éxito. El instructor ha de hacer la 
selección según las magnéticas y eléctricas naturalezas de los estudiantes, aproximando 
y ajustando con sumo cuidado los elementos positivo y negativo.]

4) Durante el estudio deben los upasakas mantenerse unidos como los dedos de la 
mano. Les enseñarás que todo cuanto perjudique a uno ha de perjudicar a los demás; y 
si lo que uno alegue no encuentra eco en el pecho de los demás, denotará que faltan las 
requeridas condiciones y será inútil seguir adelante. 
[Difícilmente sucederá esto si la elección preliminar se hizo con los requisitos 
magnéticos. De otro modo, los discípulos, aunque parezcan aptos para recibir la verdad, 
habrán de esperar muchos años, a causa de su temperamento y de la imposibilidad que 
experimentan de ponerse en armonía con sus compañeros.]

5) El gurú debe armonizar a los condiscípulos como si fueran cuerdas de un laúd (vina),
que, aunque cada una distinta de las demás, emiten concertados sonidos. 
Colectivamente constituyen un teclado que responde en todas sus partes al más ligero 
toque (el toque del Maestro). Así sus mentes se abrirán a las armonías de la Sabiduría, 
vibrando en modulaciones de conocimiento en todas y en cada una de ellas, con efectos 
placenteros para los dioses que presiden (ángeles tutelares o custodios) y provecho para 
el discípulo. También así quedará la Sabiduría por siempre impresa en sus corazones, 
sin que jamás se quebrante la armonía de la ley.

6) Quienes deseen adquirir el conocimiento que conduce a lo siddhis (poderes ocultos) 
han de renunciar a todas las vanidades del mundo y de la vida. (Aquí sigue la 
enumeración de los siddhis)

7) Nadie puede continuar siendo upasaka si se cree diferente de sus condiscípulos y 
superior a ellos diciendo: "Soy el más sabio", "Soy el más santo, y más grato al Maestro 
o a mi comunidad que mi hermano", etc. Los pensamientos del upasaka han de estar 
predominantemente fijos sobre su corazón, eliminando de él todo pensamiento hostil a 
cualquier ser viviente, y llenándolo del sentimiento de su unidad con los demás seres y 
con todo cuanto en la naturaleza existe. De lo contrario, no es posible el éxito.

8) Un.Lanú (discípulo) sólo ha de rehuir las influencias externas (las emanaciones 
magnéticas de las criaturas vivientes). Por lo tanto, aunque en unidad con todo en su 
interna naturaleza, ha de tener cuidado de apartar su cuerpo externo de toda influencia 
extraña. Nadie sino él ha de comer en su plato y beber en su vaso. 
Debe evitar el contacto corporal (esto es, tocar o que lo toquen) con seres humanos o 
con animales.

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[Ni siquiera se permite tener animales domésticos, como perros, gatos, canarios, etc., ni 
tampoco tocar ciertos árboles y plantas. El discípulo ha de vivir, por decirlo así, en su 
propia atmósfera, a fin de individualizarla con ocultistas propósitos].

9) La mente debe permanecer embotada para todo menos para las universales verdades 
de la naturaleza, so pena de que la "Doctrina del Corazón" se reduzca a la escueta 
"Doctrina del Ojo" (esto es, el vano ritualismo exotérico) .

10) El discípulo no debe tomar alimentos de índole animal, ni nada que tenga vida. 
Tampoco ha de beber vino ni licores, ni usar opio, pues todas estas cosas son como los 
espíritus malignos (lhamayin) que se aferran al incauto y devoran el entendimiento.
[El vino y los licores conservan y contienen el siniestro magnetismo de cuantas 
personas contribuyen a elaborarlos. La carne conserva las características psíquicas del 
animal de que procede.]

11) Los medios más eficaces de adquirir conocimiento y disponerse a recibir la 
sabiduría superior son la meditación, la abstinencia, el cumplimiento de los deberes 
morales, los pensamientos apacibles, las palabras amables, las buenas acciones y la 
benevolencia hacia todo, con entero olvido de sí mismo.

12) Únicamente por la observancia de las regIas anteriores puede esperar el lanú la 
adquisición, a su debido tiempo, de los siddhis de los arhates, cuyo desenvolvimiento lo 
conducirá gradualmente a la unidad con el Todo Universal.

Estos doce pasajes están entresacados de unas 73 reglas cuya enumeración resultaría 
inútil, porque ningún significado tendrían en Europa. 
Sin embargo, por pocos que sean, bastan para indicar las inmensas dificultades con que 
en su sendero ha de tropezar el aspirante a upasaka, nacido y educado en países 
occidentales.(3)
Todos los métodos de educación en Occidente, y más todavía en Inglaterra, se apoyan 
en el principio de emulación y porfía. A cada educando se lo excita a aprender más 
rápidamente, adelantar a sus compañeros y sobrepujarlos en todo lo posible. Se cultiva 
asiduamente la equivocadamente llamada "rivalidad amistosa", y este mismo espíritu se 
alimenta y vigoriza en todas las modalidades de la vida. Con tales ideas, inculcadas 
desde su niñez, ¿ cómo puede relacionarse un occidental con sus discípulos "como lo 
están los dedos de la mano"? Además, aquellos condiscípulos no son de su. propia 
elecci6n, o escogidos por él, llevado de personal simpatía y estimación. Los escoge su 
instructor en muy distintos puntos, y quien desee ser estudiante debe tener primero la 
fortaleza suficiente para matar en su corazón todo sentimiento de aversión y antipatía 
hacia los demás. ¿ Cómo pueden los occidentales ser capaces ni siquiera de intentar 
esto ardientemente?
Por otra parte, los pormenores de la conducta diaria y la prescripción de no tocar ni aun 
la mano de las personas más íntimas y queridas, ¡cuán opuestos son a las ideas 
occidentales sobre el afecto y los buenos sentimientos! ¡Cuán frío y duro parece todo 
ello! Habrá quien tilde de egoísmo de abstenerse de complacer al prójimo, a fin de 
progresar uno mismo. A los que así opinen, dejémoslos que difieran hasta otra 
encarnación el intento de entrar fervorosamente en el sendero. Sin embargo, no 
consintamos que se jacten de su imaginario inegoísmo, pues en realidad les engañan las 
apariencias y convencionalismos basados en las emotivas efusiones de la llamada 
cortesía, que pertenecen a la vida ficticia y no a los dictados de la verdad.

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Pero aun prescindiendo de estas dificultades, que cabe considerar como "externas", si 
bien no deja de ser grande su importancia, ¿cómo podrán los estudiantes occidentales 
encuadrarse en la requerida armonía ? En Europa y América es la personalidad tan 
vigorosa, que cuantos profesan las letras o las artes se envidian y aun se odian 
mutuamente. El odio y la envidia entre los de una misma profesión han llegado a ser 
proverbiales, y los hombres procuran lucrar a toda costa, hasta el punto que los modales 
urbanos y la cortesía social no son más que una hipócrita máscara de los demonios del 
odio y de la envidia. En Oriente, el espíritu de la inseparabilidad se le inculca a la niñez 
con tanta firmeza como en Occidente el espíritu de la rivalidad. 
Allí no se fomenta la ambición personal ni los sentimientos y deseos egoístas. Cuando 
el terreno es naturalmente fértil, se cultiva en debida forma, de suerte que el niño, al 
llegar a hombre, está acostumbrado vigorosa y potentemente a subordinar el yo inferior 
al Yo superior. En Occidente predomina la creencia de que el principio guiador de la 
conducta es el gusto y disgusto que inspiren los demás hombres y cosas, aunque no 
lleguen a convertir dicho principio en norma de vida ni traten de imponerlo a nadie.
Quienes se quejan de haber aprendido poco en la Sociedad Teosófica, fijen su atención 
en la siguiente sentencia entresacada de un artículo publicado en la revista Path, de 
febrero de 1888: 
"En cada uno de los grados, la clave está en el mismo aspirante." No es "el temor de 
Dios" el principio de la Sabiduría, sino que el conocimiento del Yo es la Sabiduría 
misma. 
Al estudiante de Ocultismo que ya practica alguna de las reglas precedentes, se 
le representa, grande y verdadera, la respuesta del oráculo de Delfos a todos cuantos 
anhelaban oculta sabiduría, y que el sabio Sócrates repitió corroborándola varias veces: 
HOMBRE, CONÓCETE A TI MISMO.

EL OCULTISMO EN OPOSICIÓN A LAS ARTES OCULTAS

A menudo oí decir, pero nunca lo creí hasta ahora, que hay quien por medio de 
poderosos encantos mágicos rinde a su determinado propósito las leyes de la 
Naturaleza. (Milton)

El periódico Correspondencia de mayo de 1888 insertó varias cartas que atestiguan la 
profunda emoción que causó en algunos ánimos nuestro trabajo publicado en abril del 
mismo año 1888 bajo el título de Ocultismo práctico, Dichas cartas comprueban y 
refirman dos conclusiones lógicas, a saber:

1) Que muchos más hombres cultos y de buen entendimiento de los que pudieran 

figurarse los materialistas creen en el ocultismo y la magia. (4)

2) Que la mayor parte de ellos (incluso muchos teósofos) no tienen claro concepto 

de la índole del Ocultismo y lo confunden con las ciencias ocultas en general, 
sin exceptuar la magia negra.

Las ideas que se forjan de las facultades que el Ocultismo confiere al hombre y de los 
medios que han de emplearse para adquirirlas son tan variadas como caprichosas. 
Algunos se figuran que para igualar a Zanoni sólo es necesario un maestro en el arte, 
que enseñe el camino. Otros creen que para emular a Roger Bacon, o al conde de Saint 
Germain, no tienen más que atravesar el canal de Suez e ir a la India. Muchos toman 
por ideal a Margrave con su siempre renovada juventud, y no cuidan del alma que se ha 

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de entregar en cambio. No pocos confunden con el Ocultismo la hechicería, al estilo de 
la pitonisa de Endor, que "a través de la bostezante tierra evoca a los flácidos espectros 
desde la estigiana lobreguez a la luz del día" y los disputa por aparecidos adeptos.
La "magia ceremonial", según las reglas burlonamente expuestas por Eliphas Levi, es 
otro imaginario alter ego de la filosofía de los antiguos arhates. En resumen, los prismas 
a cuyo través miran el Ocultismo los filósofos cándidos, son tan variados y multicolores 
como cabe en la humana fantasía.
¿Se indignarán estos candidatos a la sabiduría y al poder si decimos la pura verdad? No 
solamente es útil, sino que ahora es ya necesario desengañarlos antes que sea demasiado 
tarde. La verdad sobre este punto puede declararse en pocas palabras: Entre los 
centenares que en Occidente se llaman ocultistas, no hay ni media docena que tengan ni 
siquiera idea aproximada de la genuina naturaleza de la ciencia que tratan de dominar. 
Con pocas excepciones, están todos en pleno camino de la hechicería; pero dejémoslos 
restablecer algún tanto el orden en aquel caos que predomina en su mente, antes que 
protesten contra ,esta afirmación. Que conozcan primero la verdadera relación entre las 
ciencias ocultas y el Ocultismo, así como la diferencia entre una y otro, y entonces se 
indignarán si todavía creen estar en lo cierto. Entretanto, digámosles que el Ocultismo 
difiere de la magia y demás ciencias ocultas; como el esplendente sol difiere de un 
candil, y como el inmutable e inmortal espíritu del hombre (reflejo del absoluto, infinito 
y desconocido TODO ) difiere de la mortal arcilla del cuerpo humano.
En nuestra refinada civilización occidental, donde las lenguas modernas han ido 
evolucionando con la formación de palabras expresivas de nuevas ideas y pensamientos, 
no se sentía la necesidad de nuevos vocablos para expresar conceptos que tácitamente se 
tildaban de "supersticiones", pues toda nueva modalidad mental aparecía materializada 
en la fría atmósfera del egoísmo de Occidente y el incesante afán tras los dioses de este 
mundo. Dichos vocablos únicamente hubieran podido expresar ideas que a duras penas 
eran capaces de albergar en su mente los hombres cultos, para quienes la magia es 
sinónimo de prestidigitación; la hechicería equivalente a crasa ignorancia y el 
Ocultismo la triste reliquia de los desequilibrados filósofos medievales del fuego, como 
Jacobo Boehme y Saint Martin; expresiones todas que se consideran más que 
suficientes para abarcar el campo entero de un "dedal de costura".
Tanto la palabra magia como las palabras hechicería y Ocultismo se usan en Occidente 
ensentido despectivo, y por lo general para designar las escorias residuales de los 
tiempos del oscurantismo y los perversos siglos del paganismo. Por lo tanto, no hay en 
nuestro idioma palabras que definan y maticen la diferencia entre las referidas 
facultades anormales, o entre las ciencias que conducen a su adquisición, con la 
exactitud y fijeza con que las definen y matizan los idiomas orientales y sobre todo el 
sánscrito. 
Si las autoridades reconocidas en la materia dan a las palabras "milagro" y "hechizo" el 
mismo significado, en cuanto les atribuyen la idea de operar prodigios quebrantando las 
leyes de la naturaleza (!) , ¿ qué significarán para quienes las oyen o pronuncian ? El 
cristiano, no obstante "quebrantar las leyes de la naturaleza" al creer firmemente en 
milagros, porque dice que los obró Dios por medio de Moisés, desdeñará los 
hechizos o encantamientos de los magos de Faraón, o los atribuirá al demonio.
Nuestros piadosos enemigos relacionan al demonio con el Ocultismo, mientras que sus 
impíos adversarios, los infieles, se ríen de Moisés, de los magos y de los ocultistas, y se 
sonrojarían de prestar seria atención a semejantes "supersticiones". Todo esto ocurre por 
no haber adecuadas palabras para expresar la diferencia entre lo sublime y verdadero y 
lo absurdo y ridículo, ni señalarse los claroscuros límites que los separan. Lo absurdo y 
ridículo son las teológicas interpretaciones que hablan del "quebrantamiento de las leyes 

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de la naturaleza" por el hombre, Dios o el demonio. Lo sublime y verdadero son los 
científicos milagros y encantamientos de Moisés y los magos, de conformidad con las 
leyes naturales. Tanto Moisés como los magos egipcios estaban versados en la sabiduría 
aprendida en los santuarios (que eran las academias y corporaciones científicas de 
aquellos días) y en el verdadero Ocultismo.
La palabra Ocultismo induce seguramente a error, tal como está traducida de la palabra 
compuesta Gupta-Vidya., que significa "conocimiento secreto". Pero ¿conocimiento de 
qué? Algunos términos sánscritos nos ayudarán a responder.
Entre otros muchos nombres de la diversas clases de ciencia esotérica que aparecen en 
los Puranas esotéricos, citaremos por más notables los cuatro siguientes:

1) Yajña-Vidya.(5) es el conocimiento de las ocultas fuerzas de la naturaleza, puestas en 
acción por la práctica de ciertos ritos y ceremonias religiosas.

2) Mahâvidyâ, que significa "gran conocimiento". Es la magia de los cabalistas y del 
culto tántrico, aunque suele degenerar en hechicería de la peor especie.

3) Guhya Vidyâ, o conocimiento de las mismas fuerzas del sonido (éter); y por lo tanto, 
de los mantras cantados en las oraciones y encantamientos, cuya eficacia depende del 
ritmo y la melodía. También se define diciendo que es una práctica mágica fundada en 
el conocimiento y correlación de las fuerzas de la naturaleza.

4) Atma-Vidyâ, que los orientalistas traducen literalmente por "Conocimiento del alma" 
o verdadera Sabiduría, pero que significa mucho más.

El Atma-Vidya es la única clase de Ocultismo a que debe aspirar todo prudente e 
inegoísta teósofo admirador de Luz en el Sendero. Las demás modalidades de Ocultismo 
son ramificaciones de las ciencias ocultas, esto es, artes basadas en el conocimiento de 
la última esencia de todas las cosas en los reinos de la naturaleza (mineral, vegetal y 
animal) . Quien conoce esta última ciencia conoce también el reino material de la 
naturaleza, por invisible que sea dicha esencia y por mucho que hasta ahora haya 
escapado a las investigaciones científicas.
La alquimia, astrología, fisiología oculta y quiromancia tienen su razón de ser en la 
naturaleza, y las ciencias que acaso por su inexactitud se llaman exactas en esta época 
de paradójicas filosofías han descubierto algunas de estas artes. 
Pero la clarividencia, simbolizada en la India por el "Ojo de Siva" y llamada en el Japón 
"Visión infinita", no es el hipnotismo, ni el mesmerismo, ni se adquiere por medio de 
tales artes. Todas las demás modalidades del ocultismo pueden dominarse y obtener de 
ellas resultados buenos, malos o indiferentes; pero el Atma-Vidya no les da mucho valor, 
pues a todas incluye y aun a veces las utiliza con benéficos propósitos después de 
eliminar las escorias y tener cuidado de que no quede ni el menor elemento egoísta.
Expliquemos la cuestión. Toda persona puede estudiar cualquiera de las mencionadas 
"artes ocultas" sin preparación especial, sin restringir demasiado su género de vida ni 
depurar gran cosa su moralidad; pero en este caso, el noventa por ciento de los 
estudiantes que se hayan distinguido en una razonable modalidad de magia se precipitan 
desaprensivamente en la negra. 
Pero ¿que les importa? También los vudús y los dugpas comen, beben y se alborozan en 
las hecatombes de víctimas de sus infernales artes, y otro tanto, en diverso sentido, 
hacen los amables caballeros que practican la vivisección y los hipnotizadores 
diplomados por las Facultades de Medicina. La única diferencia entre ambos consiste en 

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que los vudús y los dugpas son hechiceros conscientes y los vivisectores de la taifa de 
Charcot y Richet lo son inconscientes.
Pero como unos y otros han de cosechar los frutos de sus acciones en el arte negra, los 
practicantes occidentales no dejarán de obtener gozoso provecho aunque luego reciban 
su castigo porque el hipnotismo y la vivisección, tal como se practican en Occidente, 
son pura y simple hechicería, menos el conocimiento que poseen los vudús y dugpas, y 
que ningún Charcot ni Richet puede adquirir en medio siglo de arduos estudios ni 
experimental observación. Por lo tanto, que se queden sin Atma-Vidyia o verdadero 
ocultismo quienes lo desdeñan para chapucear en la magia, consciente o no de su índole, 
y rechazan por demasiado rigurosas las reglas impuestas a los estudiantes. Dejémoslos 
que sean magos por cualquier medio, aunque durante las diez encarnaciones siguientes 
no pasen de vudús y dugpas.
Sin embargo, el interés del lector se concentrará probablemente, en quienes sienten 
invencible atracción hacia el Ocultismo, aunque todavía no hayan subyugado sus 
pasiones ni mucho menos sean verdaderamente inegoístas. ¿Cómo proceder con estos 
desgraciados a quienes así desgarran por mitad fuerzas antagónicas? Porque demasiadas 
veces se ha dicho para que haya que repetirlo, y es cosa evidente para cualquier 
observador, que una vez despertado de veras en el corazón del hombre el anhelo por el 
Ocu1tismo, no le queda esperanza de paz ni lugar de descanso y consuelo en el mundo. 
Una incesante y roedora inquietud, que no puede apaciguar, lo empuja a las más 
desoladas y ásperas circunstancias de la vida. Su ánimo es demasiado pasional y 
egoísta para permitirle el paso por las Puertas de Oro, y no halla paz ni descanso en la 
vida ordinaria. Así pues, ¿ha de caer inevitablemente en hechicería y magia negra y 
acumularse durante muchos años un karma terrible? ¿No hay otro camino?
Seguramente lo hay. No aspire a mayores cosas que las que se sienta capaz de cumplir. 
No eche sobre sus hombros una carga demasiado pesada. Aunque no llegue a ser un 
Mahatma, un Buddha o un gran santo, si estudia la filosofía y la ciencia del alma podrá 
ser un modesto bienhechor de la humanidad, por más que carezca de facultades 
"sobrehumanas", pues los siddhis o facultades del arhat se reservan únicamente 
para los capaces de consagrar su vida al cumplimiento al pie de la letra de los terribles 
sacrificios que su adquisición requiere. Ha de saber y recordar para siempre que el 
verdadero Ocultismo Teosofía es la incondicional y absoluta renunciación de la 
personalidad en pensamiento y obra. Es altruismo, y quien lo practica queda 
enteramente escogido de entre las filas de los vivientes, tan luego como se entrega a la 
obra, porque "no vive para él sino para el mundo". 
Mucho se le dispensa durante los primeros años de prueba; pero tan pronto como pasa a 
ser discípulo "aceptado" debe desvanecer su personalidad y convertirse en una fuerza 
benéfica 
de la naturaleza. Desde entonces se abren a su paso dos caminos opuestos: ha 
de ascender trabajosamente, pasa a paso, durante numerosas encarnaciones, sin 
intervalo devacánico, por la áurea escala que conduce al arhatado; o al dar el primer 
paso en falso, resbalará escala abajo, rodando hasta el fondo de la magia negra.
Todo esto se ignora o se ha olvidado enteramente en nuestros días. En efecto, quien sea 
capaz de observar la silente evolución de las preliminares aspiraciones de los candidatos 
echará de ver que suelen preocuparles extrañas ideas. 
Los hay cuyas racionales facultades torcieron ajenas influencias hasta el punto de 
figurarse que las pasiones animales pueden sublimarse y elevarse de modo que todo su 
ardor se dirija hacia adentro, a fin de mantenerlas encerradas en el pecho hasta que, en 
vez de estallar su energía, se invierta en dirección a lo alto con santos propósitos; es 
decir, hasta que la colectiva fuerza de las reprimidas pasiones capacite al hombre 
para entrar en 
el verdadero santuario del alma y permanecer allí en presencia de su 

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Maestro, del Yo superior. A este fin no luchan con sus pasiones ni las matan, sino que 
mediante un violento esfuerzo de voluntad las reprimen y mantienen en jaque, dejando 
sus brasas en rescoldo. 
Se someten gozosamente a la tortura del joven espartano que consentía que la zorra le 
devorase las entrañas antes que deshacerse de ella. ¡Oh, pobres ciegos visionarios! Sería 
esto lo mismo que si a una cuadrilla de deshollinadores, grasientos de su labor, se les 
encerrara en un santuario adornado de blanquísimos lienzos, y en vez de convertirlos 
con su contacto en un montón de sucios pingajos, se adueñaran del sagrado recinto y 
salieran de él tan inmaculados como los lienzos. De igual suerte cupiera imaginar 
que una docena de tejones encerrados en la pura atmósfera de un monasterio (dgon-pa) 
pudieran salir de él impregnados de los perfumes del incienso. ¡Extraña aberración de la 
mente humana! ¿Es posible que así sea? Discutámoslo.
En el santuario de nuestra alma, el "Maestro" es el "Yo superior", el divino Espíritu 
cuya conciencia deriva y se funda en la Mente (por lo menos durante la vida mental del 
hombre), a la que llamamos alma humana alma personal (pues el alma espiritual es 
vehículo del Espíritu) . A su vez el alma personal está constituida en su aspecto superior 
por aspiraciones espirituales, voliciones y amor divino; en su aspecto inferior, por 
deseos animales y pasiones terrenas, comunicadas por su contacto con el cuerpo 
astral que es el asiento de todas ellas. Por lo tanto, el alma personal es el enlace o 
eslabón entre la naturaleza animal del hombre, que la razón procura dominar, y la 
naturaleza espiritual hacia la que aquella propende cuando logra ventaja en su lucha con 
la naturaleza animal. Esta última es la instintiva alma animal, madriguera de las 
pasiones que el imprudente entusiasmo arrulla en su pecho en vez de matar. ¿cómo 
esperar que la cenagosa corriente de la cloaca animal se convierta en el cristalino 
manantial de las aguas de la vida ? ¿A qué terreno neutral pueden relegarse las pasiones, 
sin que afecten al hombre? Las violentas pasiones de amor y lujuria se mantienen vivas 
en su cuna, es decir: en el alma animal porque tanto el aspecto superior como el inferior 
de la mente o alma humana rechazan a semejantes huéspedes, aunque no puedan evitar 
el rozarse con ellos como vecinos. El Yo superior o Espíritu es tan impermeable a los 
malos sentimientos como incapaz el agua de mezclarse con el aceite o cualquier otro 
líquido impuro y grasiento. El único lazo con el hombre y el Yo superior es la Mente, la 
única que puede contaminarse y está en incesante riesgo de que las ;adormecidas 
pasiones despierten en cualquier momento y la arrastren al abismo de la materialidad. 
¿Cómo puede concertarse con la divina armonía del Yo superior, si esta armonía está 
quebrantada por la presencia de las pasiones animales en el santuario?
¿Cómo es posible que la armonía prevalezca y triunfe, cuando la mente está 
contaminada y turbada por el torbellino de las pasiones y los terrenales deseos de los 
sentidos corporales y del hombre astral?
Porque el cuerpo astral no es compañero del Yo superior, sino del cuerpo terreno. Es el 
lazo entre el manas inferior y el cuerpo físico; el vehículo de la vida transitoria, no de la 
inmortal. Como sombra proyectada por el hombre, sigue servil y mecánicamente sus 
movimientos e impulsos, propendiendo, p)r la tanto, a la materia, sin ascender jamás 
hacia el Espíritu. La unión con el Yo superior sólo puede cumplirse cuando anulada la 
fuerza de las pasiones, quedan trituradas y aniquiladas en la retorta de una inflexible 
voluntad; cuando no sólo han muerto las concupiscencias y ansias de la carne, sino que, 
muerta asimismo la personalidad, se invalida el cuerpo astral, que refleja al hombre 
triunfante y no a la codiciosa y egoísta personalidad. Entonces el brillante Augoeides, el 
divino Yo, vibra en consciente armonía con los dos polos de la entidad humana: El 
hombre de purificada materia y la siempre pura alma espiritual. El hombre permanece 
en presencia y para siempre se une íntimamente con el Yo superior, con el Maestro, el 

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Cristo de los gnósticos (6).
Así pues, ¿ cómo le sería posible al hombre entrar por la angosta puerta "del 
Ocultismo", estando sus cotidianos pensamientos ligados a todas horas con las cosas 
terrenas, con deseo de poderío, concupiscencias, ambiciones y deberes que, si bien 
honrosos, no dejan de ser terrenos? 
Aun el amor a la familia, el más puro e inegoísta de los afectos humanos, es un 
obstáculo para el verdadero Ocultismo. Porque si ponemos por ejemplo el santo amor 
maternal o el conyugal, aún en estos mismos sentimientos analizados a fondo y 
enteramente cernidos, encontraremos egoísmo personal en la madre y egoísmo dual 
en los cónyuges. ¿ Qué madre no sacrificaría sin vacilar cien y mil vidas que tuviera por 
el hijo de sus entrañas? ¿ y qué amante marido no satisfaría los deseos de su amada 
esposa aun a costa de la dicha ajena?
Se nos dirá que esto es lo natural; pero, aunque lo sea según el código de los humanos 
afectos, no lo es según el código del divino amor universal. Porque mientras el corazón 
palpite de amor tan sólo por unos cuantos seres, los más queridos e inmediatos, ¿cómo 
podrá el resto de la humanidad estar en nuestras almas? ¿Qué resto de amor y solicitud 
quedará en nosotros para profesarlo a la "gran huérfana"? ¿ y cómo se hará oír "la tenue 
y callada voz" en un alma enteramente ocupada en sus predilectos deudos? ¿Qué lugar 
se deja allí para las necesidades de la humanidad en conjunto, de modo que el corazón 
las sienta ya ellas responda fácilmente? Con todo, quien aspire a aprovecharse de la 
sabiduría de la mente universal, ha de lograrlo mediante la humanidad entera sin 
distinción de raza, temperamento, creencia, ni condición social. Sólo el altruismo, no el 
egoísmo, ni aun en su más noble y legítimo concepto, puede conducir al hombre a 
identificar su individual Yo con el Yo universal. El verdadero discípulo del verdadero 
Ocultismo ha de consagrarse a la obra de satisfacer las necesidades de la humanidad si 
quiere adquirir la Theo-Sophia o Sabiduría divina y Conocimiento.
El aspirante ha de escoger absolutamente entre la vida del mundo y la vida del 
Ocultismo. Inútil y vano intento es conciliarlas, porque nadie puede servir a dos señores 
y complacer a ambos. Nadie puede servir a su cuerpo ya su Yo superior, ni cumplir los 
deberes de familia, al propio tiempo que los de la humanidad entera, sin privar a una o a 
otra de sus derechos; porque si presta oído a la "tenue y callada voz" no podrá escuchar 
el clamor de sus pequeñuelos; o si atiende a las necesidades de éstos, quedará sordo a la 
voz de la humanidad. El casado que intentase seguir el verdadero Ocultismo práctico en 
vez de la filosofía teórica habría de sostener una incensante y desatentada lucha, porque 
continuamente vacilaría entre la voz del impersonal divino amor a la humanidad y la del 
amor personal y terreno, lo cual sólo podría conducirlo al fracaso en uno u otro o tal 
vez en ambos deberes.
No sería esto lo peor, pues quienquiera que después de haberse comprometido en el 
Ocultismo, ceda al halago de un amor, experimentará por casi inmediata consecuencia 
el verse irresistiblemente atraído del divino estado impersonal al inferior plano de 
materia. El deleite sensual, aún sólo de pensamiento, entraña la inmediata pérdida del 
discernimiento espiritual. La voz del Maestro no podrá distinguirse entre la de las 
pasiones, como tampoco se distinguirá la de un dugpa, porque en semejantes 
circunstancias no es posible distinguir lo justo de lo injusto y la sana moralidad del 
estéril nominalismo. 
El fruto del Mar Muerto es la más apropiada alegoría mística, porque se vuelve ceniza 
en los labios y acíbar en el corazón, resultando en "cada vez más profundas tinieblas, 
loco por sabiduría, culpable por inocencia, ansioso de éxtasis y desesperado por 
esperanza".
Pero una vez engañados y después de obrar según su engaño, muchos hombres se 

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niegan a reconocer su error y se hunden más y más en el fango. Aunque de la intención 
deriva principalmente el que la magia sea blanca negra, los resultados de la hechicería 
involuntaria e inconsciente no pueden por lo menos que augurar mal karma. Bastante se 
ha dicho en demostración de que la hechicería es toda especie de maligna influencia 
ejercida sobre otras personas que sufren 
hacen sufrir en consecuencia. El karma es 
una piedra que chapoteada en las tranquilas aguas de la vida  levanta ondulaciones cada 
vez más amplias hasta el infinito. Las causas engendradas han de producir efectos 
evidenciados en la justa e inquebrantable ley de retribución. 
Muchos de estos defectos podrían evitarse si las gentes se abstuviesen de prácticas cuya 
naturaleza e importancia desconocen. Nadie espere sobrellevar una carga superior a sus 
fuerzas y facultades. Hay magos congénitos, místicos y ocultistas de nacimiento, a 
causa de la directa herencia de una serie de encarnaciones y siglos de sufrimientos y 
fracasos. Están ya a prueba de pasiones. Ningún fuego de origen terreno
puede inflamar sus sentidos ni sus deseos. Ninguna voz humana halla respuesta en sus 
almas, excepto el ruidoso clamor de la humanidad. Son los únicos que tienen asegurado 
e1 éxito. Pero son rarísimos y pasan por las estrechas puertas del Ocultismo porque no 
llevan la personal impedimenta de los transitorios sentimientos humanos. 
Se han 
desprendido de los afectos de la naturaleza inferior, paralizando la animalidad astral, y 
ante sus pasos se abre la estrecha pero áurea puerta.
No les sucede lo mismo a quienes todavía han de llevar durante varias encarnaciones la 
carga de los pecados cometidos en pasadas y aun en la presente vida. A menos que 
procedan con suma precaución, la áurea puerta de Sabiduría puede transmutarse para 
ellos en la ancha puerta y el espacioso camino que "conduce a la perdición", y por la 
tanto "muchos son los que entran por ella". Esta ancha puerta es la de las artes ocultas 
practicadas con motivos egoístas, sin la restrictiva, previsora y benéfica influencia del 
Atma-Vidyâ.
Estamos en la edad de Kali, cuya letal influencia es mil veces más poderosa en 
Occidente que en Oriente. De aquí las fáciles presas que las Potestades tenebrosas hacen 
en este ciclo de lucha, y las muchas ilusiones en que hoy día se agita el mundo, entre 
ellas la relativa facilidad con que los hombres se figuran que pueden llegar a la "Puerta" 
y cruzar el umbral del Ocultismo sin grandes sacrificios. Tal es el sueño de algunos 
teósofos, inspirados por el afán de poderío y egoísmo personal; pero estos sentimientos 
no los conducirán a la ambicionada meta, pues como dijo uno de quien se cree que se 
sacrificó por la humanidad: "Estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la 
vida y pocos son los que la hallan". Tan estrecha es, en efecto, que a la simple mención 
de algunas de las preliminares dificultades, los espantados candidatos occidentales 
vuelven ]a espalda y se marchan tambaleantes y temblorosos.
Dejemos que se queden aquí, sin que su mucha flaqueza les consienta mayor intento, 
porque ¡ay! de ellos si al volver la espalda a la puerta estrecha, los arrastra su ansia de 
Ocultismo a dar un paso en dirección de las anchas y halagadoras puertas del áureo 
misterio que centellea a la luz de la ilusión. Los conducirá a la magia negra, y con 
seguridad desembocarán muy luego en el fatal camino del Infierno, a cuya entrada 
leyó el Dante estas palabras:

Per me si va nella città dolente
Per me si va nell`eterno dolore
Per me si va tra la perduta gente.

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INSINUACIONES PRÁCTICAS PARA LA VIDA DIARIA

PREFACIO

Las citas de que está compuesto este artículo no se entresacaron en un principio con el 
propósito de publicarlas; y por lo tanto pueden parecer algo deslavazadas.
Vieron primeramente la luz como una Miscelánea teosófica, con la esperanza de que el 
lector pudiera hacer las convenientes anotaciones para formar un dietario de extractos v 
tener un duradero registro de los libros leídos, de modo que obtuviera positivo provecho 
de su lectura. Siguiendo este método, el lector condensaría en un breve espacio todo 
cuanto la pareciera esencial en el libro.
También se insinúa como de valiosa ayuda para el estudiante aplicado, el método de leer 
cada mañana cierto número de citas, a fin de practicarlas durante el día y meditar sobre 
ellas en los ratos libres.

I

Levántate temprano, tan luego como te despiertes, y no te quedes perezosamente en la 
cama medio despierto y medio soñando. Después ora fervorosamente por la 
regeneración espiritual del género humano, a fin de que cuantos luchan en el sendero de 
la verdad reciban positivo y vehemente aliento de tus oraciones, y para que tú te 
fortalezcas sin ceder al halago dc los sentidos. Represéntate en la mente la imagen de tu
Maestro arrobado en samadhi. Ponla delante de ti con todos sus pormenores;  piensa 
reverentemente en él, y ruega por el perdón de todos los errores de acción y omisión. 
Con esto te será más fácil concentrarte, purificar el corazón y hacer mucho más. 
Reflexiona sobre los defectos de tu carácter, descubriendo por completo tus vicios y los 
fugaces placeres que 
te proporcionan, y determínate firmemente a hacer todo cuanto 
puedas para no ceder nuevamente a ellos.
Este autoanálisis, que te lleva ante el tribunal de tu propia conciencia, facilitará tu 
progreso espiritual en un grado que no podrías imaginar. 
Mientras te laves o bañes, ejercita tu voluntad, deseando que las impurezas morales se 
eliminen al propio tiempo que las corporales. En tus relaciones con los demás observa 
atentamente las reglas siguientes.

1) Nunca hagas nada que no sea de tu deber; esto es, nada innecesario. Antes de hacer 
una cosa, reflexiona si debes hacerla.

2) Nunca hables “palabras ociosas”. Antes de pronunciarlas, piensa el efecto que 
pueden producir .Nunca quebrantes tus principios de conducta por consideraciones de 
amistad.

3) Que nunca ocupen, tu mente vanos o inútiles pensamientos. Esto es más fácil para 
dicho que para hecho. No es posible desalojar de golpe la mente. Así, en un principio, 
procura evitar los malos u ociosos pensamientos, ocupando tu mente en el examen de 
tus faltas o en la contemplación de los seres perfectos.

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4) Durante la comida, ejercita tu voluntad, deseando que el alimento te aproveche para 
construir un cuerpo en armonía con tus espirituales anhelos, y no engendrar malas 
pasiones ni malignos pensamientos. Come únicamente cuando tengas hambre y bebe 
cuando tengas sed, y nunca de otro modo. Si algún manjar especial halaga tu paladar, no 
cedas a la tentación de comerlo tan sólo para satisfacer el gusto. Acuérdate de que el 
placer que de ellos obtengas no existía algunos segundos antes, y cesará de existir 
algunos segundos después, porque es un placer transitorio que se invertirá en dolor si te 
rindes a la gula. Considera que sólo da placer a la boca, y si te dejas seducir por aquel 
manjar y te conturba el ansia de saborearlo, no te avergonzarás de cometer (cualquier 
acción, para obtenerlo. Repara en que hay otras cosas que pueden darte felicidad eterna; 
y, por la tanto, es evidente locura concentrar tus afectos en las transitorias. 
Advierte que tú no eres el cuerpo ni los sentidos; y por consiguiente no pueden afectarte 
realmente los placeres y dolores que el cuerpo goce o padezca. Practica la misma serie 
de razonamientos en el caso de cualquier otra tentación; y aunque a menudo fracases, 
acabarás por lograr éxito seguro. No leas mucho. Si lees durante diez minutos, 
reflexiona durante algunas horas. Acostúmbrate a la soledad ya permanecer a solas
con tus pensamientos. Asimílate la idea de que nadie sino tú mismo puede ayudarte 
desviar gradualmente tus afectos de todas las cosas. Antes de entregarte al sueño, ora 
como hiciste por la mañana. Pasa revista a las obras del día, y echa de ver en qué has 
faltado, y resuelve que no volverás a incurrir en la misma falta al día siguiente.

II

El genuino motivo de anhelar el conocimiento de sí mismo pertenece al conocimiento 
no al Yo. El conocimiento de sí mismo merece que lo anhelemos a causa de que es 
conocimiento, y no porque pertenezca al Yo. El principal requisito para adquirir el 
conocimiento de sí mismo es el amor puro. Anhela el conocimiento por puro amor, y el 
conocimiento coronará eventualmente el esfuerzo. Cuando un estudiante se impacienta, 
es prueba segura de que obra por la recompensa, no por amor, lo cual demuestra 
también que no merece la gran victoria reservada a quienes verdaderamente obran por 
puro amor.
El Dios en nosotros, esto es, el Espíritu de amor y verdad, de justicia y sabiduría, de 
bondad y poder, ha de ser nuestro verdadero y constante amor; nuestra única confianza; 
nuestra única fe, que firme como una roca nos sirve de apoyo; nuestra sola esperanza, 
que nunca nos engañará aunque todo perezca; y el único logro a que aspiremos con 
nuestra paciencia, esperando gozosamente, hasta agotar nuestro mal karma, que la 
presencia del divino Redentor se revele en nuestra alma.
El contento es la puerta por donde ha de entrar el Redentor, porque quien está 
descontento de sí mismo lo está también de la ley que lo ha hecho tal como es; y siendo 
Dios de por Si, la ley, no podrá revelarse en quienes están descontentos de Él.
Si admitimos que nos hallamos en la corriente de evolución, debemos considerar que 
son para nosotros justas todas las circunstancias en que nos hallemos; y esta 
consideración será nuestro mayor auxilio cuando fracasemos en el cumplimiento del 
deber, pues no podemos adquirir de ningún otro modo la serenidad que tanto 
recomienda Krishna. Si todo nos saliere a la medida de nuestro deseo, no echaríamos de 
ver ningún contraste. También es posible que por estar nuestros planes ignorantemente 
y, en consecuencia, erróneamente trazados, la benéfica Naturaleza no permite que los 
realicemos. No se nos vituperará por el plan; pero engendraremos mal karma si no nos 
resignamos a la imposibilidad de llevarlo a cabo. Si estáis por entero abatidos, será 

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porque antes decayeron vuestros pensamiento. Puede un hombre estar encarcelado, y, 
sin embargo, trabajar en favor 
de una causa. Así os exhorto a que eliminéis de vuestra 
mente todo disgusto por las circunstancias en que os veáis, y si conseguís considerarlas 
según las miras de vuestro Yo superior, no sólo vigorizarán vuestros pensamientos, sino 
que se reflejarán en vuestro cuerpo y lo fortalecerán.
Obrad activamente cuando sea hora de obrar, y entretanto esperad con paciencia que 
llegue esta hora. Colocaos en concordancia con el flujo y reflujo de los negocios de la 
vida, a fin de que, apoyados en la naturaleza y en la ley con la verdad y la bondad por 
faro, seáis capaces de obrar maravillas. La ignorancia de esta ley tiene por consecuencia 
alternativas de irreflexivo entusiasmo, por una parte, y del abatimiento y desconsuelo, 
por otra, siendo así el hombre esclavo de la marea de la vida cuando debiera ser su 
dueño. Como dice "La voz del Silencio": Ten paciencia, candidato, y no temas el 
fracaso ni solicites el éxito.
La energía acumulada no puede aniquilarse, sino que se transmuta en otras 
modalidades de actuación; y como no es posible que permanezca por siempre inactiva, 
continúa existiendo. Por lo tanto, es inútil resistir a una pasión que no podemos 
dominar. Si no derivamos por otros conductos su acumulada energía, se irá 
robusteciendo hasta que prevalezca contra la voluntad y la razón. Para dominarla es 
preciso conducirla por otro canal superior a aquel por el que iba. 
Así la afición a una cosa vulgar puede transmutarse en afición a una cosa elevada, y el 
vicio puede revertirse a virtud con sólo invertir el propósito. La pasión es ciega; va a 
donde se la lleva, y la razón es para ella mucho mejor guía que el instinto. La cólera 
reconcentrada o el amor reprimido han de encontrar un objeto en que verter su energía, 
pues de lo contrario amenazan estallar con peligro de su poseedor. La calma sigue a la 
tormenta. 
Los antig.uos decían que la naturaleza tiene horror al vacío.. No podemos 
destruir o aniquilar una pasión, pues si la sofocamos vendrá a substituirla otra influencia 
elemental. Por lo tanto, no intentemos destruir lo inferior sin sustituirlo por algo 
superior: el vicio por la acrisolada virtud, y la superstición por el recto conocimiento.(7)

III

Sabed que contra el deseo, la apetencia de recompensa y la miseria de la ambición no 
hay otro remedio que fijar: la vista y aplicar al oído a la invisible e insonoro. (8)
Debe el hombre creer en su congénita facultad de progreso y no atemorizarse al 
considerar su naturaleza superior ni dejarse arrastrar por la inferior. (9)
L, experiencia demuestra que las dificultades no han de abatir al hombre, ni mucho 
menos desesperanzarlo, pues de lo contrario el mundo no gozaría de las maravillas de la 
civilización. (10) 
Esforzarse en seguir adelante es la primordial necesidad del que ha entrado en el 
Sendero. ¿De dónde extraer la fortaleza ? Mirando alrededor, no es difícil echar de ver 
en dónde encuentran otros hombres su fortaleza. Dimana de la profunda convicción. 
(11)
Hay que abstenerse, por ser de justicia el abstenerse, no con el solo intento de 
mantenerse uno limpio. (12) 
Para pelear contra sí mismo y vencer en la batalla es preciso que el hombre conozca que 
en la pelea está haciendo lo que debe hacer. (13) 
"No resistáis al mal"; es decir, no os quejéis ni irritéis contra los inevitables infortunios 
de la vida. Olvidaos de vosotros mismos al trabajar en beneficio de los demás. Si 
alguien nos ultraja, persigue o injuria, ¿a qué resistir? Con la resistencia provocaríamos 

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mayores males. 
En toda obra, sea la que fuere, hemos de considerar el mandato imperativo del deber, y 
no su relativa importancia o insignificancia. El mejor remedio para el mal no es reprimir 
sino eliminar el deseo; y esto puede con mayor eficacia cumplirse manteniendo la mente 
de continuo fija en las cosas divinas.
El conocimiento del Yo superior queda invalidado cuando la mente se complace en los 
objetos de los de!;enfrenados sentidos. (14)
Nuestra naturaleza es tan ruin, soberbia, ambiciosa, concupiscente y entercada en sus 
juicios y opiniones, que si las tentaciones no la restringiesen se arruinaría por completo. 
En consecuencia, nos acomete la tentación a fin de que aprendamos a conocernos y 
seamos humildes. 
La mayor tentación es no tener tentaciones, y así debemos alegrarnos al vernos tentados, 
para con resignación, calma y constancia resistir a la tentación. (15)
Considerad que no debéis hacer nada sólo para vos mismo, sino que habéis de cumplir 
los deberes prescritos por Dios. Anhelad encontrar a Dios y no busquéis lo que Dios os 
puede dar
. (16)
Haced todo cuanto hayáis de hacer; pero no con el propósito de recibir el fruto de la 
acción. (17) Si cumplís todas vuestras acciones con el pleno convencimiento de que no 
os han de allegar provecho personal, sino que las hacéis porque es vuestro deber y está 
en vuestro temperamento el hacerlas, se debilitará gradualmente la personalidad egoísta 
hasta que, por completo apaciguada, brille en todo su esplendor el verdadero Yo y lo 
conozcáis.(18)
No debéis consentir que la alegría ni la pena os desvíen de vuestro resuelto propósito..
Hasta que el Maestro os acepte, trabajad abnegadamente por el progreso y adelanto de 
la humanidad. Esto es lo único que proporcionará verdadera satisfacción.
El conocimiento aumenta en razón directa de  su uso; esto es, cuanto más enseñamos, 
más aprendemos. Por lo tanto, busquemos la verdad con la confianza de un niño y la 
voluntad de un iniciado, comunicando nuestro conocimiento a quien de él carezca, para 
confortarlo en su peregrinación.
El discípulo debe reconocer plenamente que los derechos individuales son el resultado 
ponzoñoso de la serpiente del egoísmo. Nunca puede recriminar ni censurar a nadie ni 
levantar la voz para defenderse o disculparse.
Ningún hombre es nuestro enemigo ni nuestro amigo. Todos son por igual nuestros 
instructores 
(19) No hay que trabajar por apego al provecho temporal o espiritual, sino 
para cumplir la ley de la vida, que es la recta voluntad de Dios. (20)

IV

No viváis en lo presente ni en lo futuro, sino en lo eterno. La gigantesca hierba (del 
mal) no puede florecer allí. Esta mancha de la existencia se limpia en la atmósfera del 
pensamiento en la eternidad.3 Para lograr el "Conocimiento del Espíritu" es requisito 
indispensable la pureza de corazón, que puede alcanzarse por dos medios principales: 
desechando persistentemente todo mal pensamiento y manteniendo el ánimo sosegado 
en toda circunstancia, sin jamás agitarse ni irritarse por nada.. Estos dos medios de 
purificación reciben su mayor estímulo de la devoción y la caridad. No hemos de 
desmayar en nuestros esfuerzos, aunque nos sintamos todavía impuros.
Que cada cual aspire a la pureza y se esfuerce en alcanzarla por el recto camino cuya 
primera etapa es la pureza de corazón.
La mente ha de purificarse también cuando uno siente cólera o dice falsedades o sin 

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necesidad descubre las faltas ajenas o dice y hace algo con propósito de lisonja, o 
cuando alguien queda engañado por la insinceridad de palabra u obra. (21) 
Quienes deseen salvarse han de evitar la lujuria, la cólera y la, codicia; obedecer 
fielmente las Escrituras, estudiar la filosofía espiritual y perseverar en su realización 
práctica. (22)
Quien obra por motivos egoístas no puede entrar en un cielo donde no existe el 
egoísmo. Quien no ansía el cielo, sino que está contento donde se halla, está ya en el 
cielo, mientras que el descontento clamará en vano por él. Libre y feliz es quien carece 
de personales deseos, y el "cielo" no puede significar otra cosa que un estado de 
liberación y felicidad. Quien hace las buenas obras con esperanza de recompensa no es 
feliz hasta recibirla, y en cuanto la recibe, cesa su felicidad. No caben descanso y 
felicidad permanentes mientras haya qué hacer y cumplir. El cumplimiento del deber 
lleva en sí su propia recompensa. (23)
Quien se cree más santo que otro y se jacta de no tener talo cual vicio o flaqueza, y 
presume de sabio y de superior en algo a sus prójimos, es incapaz del discipulado. El 
hombre ha de volverse como niño para entrar en el reino de los cielos. Sublimes tesoros 
son la virtud y la sabiduría; pero si engendran orgullo y el sentimiento de separatividad 
respecto a los demás, serán las serpientes del egoísmo reaparecidas en distinta forma. La 
primera regla consiste en la entrega y sacrificio del corazón del hombre con todas sus 
emociones, 
lo cual significa el logro de un equilibrio inalterable por las emociones 
personales.
Poned sin demora en práctica tan buenas intenciones y no dejéis ni una solo en 
propósito. Nuestro único procedimiento verdadero consiste en que el motivo de la 
acción esté en la misma acción y nunca en su recompensa. No ha de incitarnos a la 
acción la esperanza del resultado ni tampoco hemos de mantenernos en la inacción. 
"Por medio de la f(24) se purifica el corazón de la insensatez y de las pasiones, con lo 
que se domina el cuerpo y por fin se consigue la subyugación de los sentidos." (25)

Las características del sabio iluminado son:

1) Carencia de todo deseo, y conocimiento de que sólo el verdadero Ego o supremo 
Espíritu es felicidad y que todo lo demás es dolor.

2) Carencia de apego o repulsión a cuanto pueda sucederle, pues obra sin cálculo 
egoísta.

Finalmente llega la subyugación de los sentidos, que no aprovecha gran cosa sin la 
primera característica, y es inútil y con frecuencia nociva, por engendrad ora de 
hipocresía y orgullo espiritual, sin la segunda característica. (26)
Quien no practica el altruismo y no es capaz de compartir su último bocado con el más 
pobre o desvalido que él; quien se niega socorrer a su prójimo de cualquiera raza, 
nación o creencia, siempre y dondequiera lo vea sufriendo; quien cierra los oídos al 
clamor de las miserias humanas; quien oye calumniar al inocente y no lo defiende como 
se defendería a sí mismo, no es teósofo.

V

Nadie obra bien si descuida los inconfundibles deberes de la vida resumidos en el 
divino mandamiento. Quien cumple con su deber pensando que de no cumplirlo le 

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resultará perjuicio, o que su cumplimiento le allanará las dificultades que se les 
presenten en el camino, obra con la vista puesta en el resultado.
Hemos de cumplir con nuestro deber tan sólo porque lo manda Dios, quien puede en 
cualquier instante dispensarnos de su cumplimiento. Mientras no apacigüemos la 
inquietud de nuestra naturaleza, debemos obrar consagrando a Dios los frutos de nuestra 
acción y atribuirle el mérito de nuestras obras. La verdadera vida del hombre consiste 
en identificarse con el supremo Espíritu. Pero esta vida verdadera es del todo 
independiente de nosotros, porque es en sí la real verdad y no la actualiza ninguna de 
nuestras acciones. 
El reconocimiento de que cuanto se opone a esta verdad es ilusorio, es una nueva 
conciencia, 
y no una acción. La liberación de un hombre no está en modo alguno 
relacionada con sus acciones; porque las acciones son útiles en cuanto nos dan 
a conocer nuestra completa incapacidad para emanciparnos por nosotros mismos de la 
existencia condicionada. Transpuesta esta etapa, las acciones son más bien 
impedimentos que auxilios. Quienes obran obedeciendo a los divinos mandamientos y 
saben que la facultad de obrar así es un don de Dios y no peculiar atributo de la 
conciencia personal del hombre, se libran de la necesidad de la acción. Entonces la 
verdad llena el purificado corazón y se percibe la identidad con Dios.
Lo primero que debe hacer el hombre es desechar la idea de que obra él de por sí, pues 
todas las acciones tienen por esfera las "tres cualidades naturales" y no en modo alguno 
el alma. 
Reconocido esto, ha de ejecutar con devoción todas sus acciones; esto es, sacrificarlas 
en aras del Supremo y no de su persona. Ha de ofrecer el sacrificio a sí mismo o sea a su 
Yo superior, que equivale a sacrificarlas a Ishvara. Todos sus actos y aspiraciones han de 
estar consagrados así mismo o al Todo. Aquí interviene la importancia del motivo. 
Porque si ejecuta valerosas hazañas o benéficas acciones o adquiere conocimientos para 
auxiliar a la humanidad, ya ello le mueve el único deseo de lograr la salvación, 
obrará en tales casos por su propio beneficio, y, en consecuencia, se ofrecerá sacrificios, 
a sí mismo. Así es que ha de consagrarse internamente al Todo, reconociendo que él no 
es 
el actor sino tan sólo el testigo presencial de la acción.
Como quiera que reside en cuerpo mortal, le conturba la duda; y esto denota su 
ignorancia de algo, por lo que ha de disipar la duda con "la espada del conocimiento", 
pues si sabe responder a una duda, de seguro la disipará. Toda duda proviene de la 
naturaleza inferior y nunca de la superior. Así es que, a medida que aumente su 
devoción, será mayor el conocimiento que adquiera de su naturaleza sátvica.
Porque se ha dicho: "El perfecto de la devoción (o que perseverare en su ejercicio) 
adquiere con el tiempo, espontáneamente, conocimiento espiritual." y también se ha 
dicho: "El hombre de mente dubitativa no goza de este mundo ni del otro, ni logra 
bienaventuranza final." Esta última frase rebate la idea de que si existe en 
nosotros el Yo superior, acabará por triunfar de la necesidad de conocimiento, aunque 
seamos indolentes y recelosos, y nos conducirá a la bienaventuranza final con la 
colectiva corriente de la humanidad.
La verdadera oración consiste en contemplar todas las cosas sagradas o aplicadas a los 
actos de la vida diaria, acompañadas del vehemente y cordial deseo de que sea más 
intensa su influencia para enaltecer y mejorar nuestra conducta, y que se nos conceda 
algún con cimiento de ellas. Todos estos pensamientos deben entretejerse con el 
conocimiento de la suprema y divina Esencia de que dimanaron todas las cosas. 
La cultura espiritual se logra por medio de la concentración, que debe ejercitarse 
diariamente, utilizándola en todo momento. Se ha definido la meditación diciendo que 
es "el cese de todo activo pensamiento externo". Concentración es el enfoque de todo 

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nuestro ser en determinado objeto. Por ejemplo, madre abnegada es la que ante todo y 
sobre todo vela por los intereses de sus hijos en todos sus aspectos, no la que piensa 
durante un día entero en una sola modalidad de los intereses filiales.
El pensamiento tiene potencia reproductiva, y cuando la mente se posa en una idea, 
queda coloreada por ésta, y todas las demás ideas, asociadas con la principal, brotan 
entonces de la mente. Por esta razón el místico acaba por conocer todo objeto en el que 
constantemente piensa con detenida contemplación; y así dijo Krishna con mucho 
acierto: "Piensa constantemente en mí. Confía sólo en mí. y con seguridad llegarás 
mí".
La vida es el gran maestro. Es la gran manifestación del Ego, quien a su vez manifiesta 
al Supremo. De aquí que todos los métodos sean buenos y todos formen parte del 
sublime anhelo de la devoción, la cual, según el Bhagavad Gita, es "el éxito en las 
gestiones".
Las facultades psíquicas, a medida que se vayan recibiendo, también deben emplearse 
porque nos revelan el conocimiento de algunas leyes; pero no hay que exagerar su valía 
ni tampoco desconocer sus riesgos. El que confía en sus facultades psíquicas es como 
quien se enorgullece y canta victoria por haber llegado a la primera estación de la cuesta 
que conduce a los picachos que se ha propuesto escalar.

VI

Es una ley eterna que el hombre no puede ser redimido por una potestad exterior a sí 
mismo. De ser esto posible, bastara con que hace muchísimo tiempo hubiera visitado la 
tierra un ángel que declarando verdades celestes y manifestando las facultades de la 
naturaleza espiritual, descubriese a la conciencia humana los mil hecho que ignoraba. 
(28)
El crimen lo mismo puede perpetrarse en pensamiento que en acción. Quien por 
cualquier causa odia a otro, que gusta vengarse y no perdona las injurias, está poseído 
del espíritu del homicidio, aunque no se dé cuenta de ello. Quien se doblega a falsas 
creencias y somete su conciencia a una institución humana, blasfema de su divino ser, y 
por lo tanto "invoca el nombre de Dios en vano aunque no preste juramento alguno. 
Quien desea o simpatiza con los deleites sensuales, sea en el trato conyugal o fuera de 
él, es el verdadero adúltero. Quien no presta al prójimo los conocimientos, bondades y 
auxilios que prudentemente pudiera otorgarle, y vive para acumular riquezas materiales, 
es el verdadero ladrón. Quien difama, calumnia y rebaja el carácter de su prójimo en 
toda especie de falsedades, es también un ladrón y de la peor índole. (29} 
Si los hombres fuesen buenos consigo mismos y benévolos con los demás, se operaría 
un formidable cambio en su estimación del valor de la vida y de las cosas se esta vida. 
(30)

EDUCACIÓN DEL PENSAMIENTO - Concentrad todas las fuerzas de vuestra alma 
en el empeño de cerrar las puertas de vuestra mente a todo pensamiento, sin permitir la 
entrada más que a los que prometan revelaros la irrealidad de los sentidos y de la vida 
corporal y la paz del mundo interior.
Reflexionad noche y día sobre la irrealidad de cuanto os rodea y de vuestra misma 
personalidad. Los malos pensamientos no son tan nocivos como los ociosos e 
indiferentes, porque de los malos pensamientos podemos guardarnos cuando nos 
determinemos a combatirlos y vencerlos. Esta determinación robustecerá vuestra 
voluntad. Los pensamientos ociosos e indiferentes distraen la atención y malgastan 
energía. La primera y mayor ilusión que se ha de vencer es la identificación con el 

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cuerpo físico. Pensad que este cuerpo no es más que una casa donde habéis de vivir 
temporalmente, y así no volveréis a ceder a sus tentaciones. procurad también dominar 
las prevalecientes flaquezas de vuestro carácter, dirigiendo el pensamiento por el 
camino más a propósito para extinguir las pasiones. 
Después de los primeros esfuerzos, sentiréis un indescriptible vacío y desconsuelo en 
vuestro corazón; pero no os amedrentéis por ello, sino considerad lo como el suave 
crepúsculo precursor del naciente sol de la felicidad espiritual La tristeza no es un mal. 
No os quejéis, porque los que os parecen sufrimientos y obstáculos suelen ser en 
realidad los misteriosos esfuerzos de la naturaleza para ayudaros en vuestra obra si 
sabéis aprovecharlos. Considerad todas las circunstancias con la gratitud de un 
discípulo. (31) Toda queja es una rebelión contra la ley de progreso. Lo que hay que 
evitar es el dolor que todavía no ha sobrevenido. El pasado no puede mudarse ni 
enmendarse. Lo perteneciente a las experiencias presentes no puede ni debe evitarse; 
pero sí han de evitarse las preocupaciones sobre imaginarias desgracias los temores 
acerca del porvenir, 
así como todo impulso o acción que puede causar presente o futuro 
dolor a nosotros o a los demás.(32)

VII

Nada más valioso para quienquiera que un excelso ideal hacia el que aspire de continuo 
ya él amolde sus pensamientos y emociones de suerte que regulen lo mejor posible su 
conducta. Si así se esfuerza para llegar a ser, más bien que a parecer como su ideal, no 
fracasará en el empeño de acercarse cada vez más a él. Sin embargo, habrá de luchar 
para este logro, y si su ideal es elevado y verdaderamente se encamina a alcanzarlo no 
se envanecerá, sino que, por el contrario, se humillará de su rectitud, pues al descubrir 
ante sí la posibilidad de mayor adelanto en planos todavía más elevados, no se engreirá 
de su progreso ni tampoco se entibiará su ardor. Precisamente, el reconocimiento de las 
vastas posibilidades de la vida humana es necesario para disipar el tedio e invertir en 
celo la. apatía. Así la vida no es odiosa, sino aceptable, cuando comprendemos 
claramente su finalidad y estimamos sus espléndidas oportunidades. El más recto y 
seguro camino para llegar a este elevado plano de conciencia es el ejercicio del al-
truismo, tanto en pensamiento como en acción. Estrecho es, en efecto el campo visual 
limitado a la personalidad, que mide todas las cosas con la vara del interés egoísta, 
porque en semejante limitación no es posible que el ego conciba elevados ideales ni se 
acerque a los planos superiores de existencia. Las condiciones de adelanto están dentro 
y no fuera, y por fortuna son independientes de las circunstancias y condiciones de la 
vida terrena. Por lo tanto, a todos se les depara la ocasión de ir escalando cumbre 
tras cumbre, y cooperar así con la naturaleza en el cumplimiento de la evidente finalidad 
de la vida. (33)
Si creemos que el objeto de la vida es la satisfacción y bienestar de la personalidad, y 
que el bienestar material confiere la suprema dicha, confundiremos lo inferior con lo 
superior y la ilusión con la verdad. Nuestra modalidad material es consecuencia de la 
constitución material de nuestros cuerpos. Somos "gusanos de la tierra" porque nuestras 
aspiraciones se arrastran por la tierra; pero si entráramos en un sendero de evolución 
donde fuésemos menos materiales y más etéreos, tomaría muy distinto cariz la 
civilización. Muchas cosas que ahora nos parecen indispensables y necesarias dejarían 
de serlo; y si pudiéramos transferir nuestra conciencia de un extremo a otro del globo 
con la velocidad del pensamiento, serían inútiles los actuales medios de comunicación. 

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Cuanto más profundamente nos hundimos en la materia, más medios de comodidad 
material necesitamos; pero el esencial y potente dios interno del hombre no es mate-
rial 
ni depende de las restricciones peculiares de la materia.
¿Cuáles son las verdaderas necesidades de la vida ? La respuesta está en relación con lo 
que cada cual crea necesario. Los ferrocarriles, los buques de vapor, la luz eléctrica, 
etc., nos son ahora necesarios; y sin embargo, millones de gentes han vivido largo 
tiempo felices sin conocerlos. Para uno serán necesarios una docena de palacios; para 
otro, un carruaje; para otro, una pipa o una botella de ron. Pero todas las necesidades de 
esta índole. son ficticias, constituyen el estado en que el hombre se encuentra satisfecho 
y le incitan a permanecer en él, sin desear algo superior, por lo que pueden ser estorbo 
más bien que impulso en su evolución. Si nos eleváramos a un estado más alto, en el 
que no se exigiese nada artificioso, todas las cosas ficticias dejarían de ser necesarios y 
no las desearíamos; pero la apetencia de placeres groseros, en los que tiene fijo su 
pensamiento, le impide al hombre entrar en la vida superior.(34)

NOTAS

(1) Tan sagrado se juzga este parentesco espiritual en la Iglesia griega, que el 

matrimonio entre padrino y madrina de una misma criatura se considera un 
incesto de la peor especie y es legalmente nulo. Esta prohibición matrimonial 
alcanza a los hijos del padrino respecto de los de la madrina y viceversa.

(2) Al bautizado se lo unge con el crisma, como en la iniciación y en verdad que el 

bautismo es un misterio. 

(3) Conviene advertir que a todos los discípulos, aunque sean legos, se los llama 

upasakas hasta recibir la primera iniciación, cuando se les da el nombre de 
upasaka lanú. Pero antes de entonces se consideran legos o seglares aun aquellos 
que pertenecen a las lamaserías y están ya seleccionados.

(4) El Ocultismo difiere grandemente de la magia.

(5) Dicen los brahmanes que el Yajña existe desde la eternidad y procede del Ser 

Supremo... en quien está latente "sin principio". Es la clave de la traividya, la 
ciencia tres veces sagrada, contenida en los versículos de los ritos sacrificiales. 
Según la INTRODUCCIÓN al brahmana Aitareya; "El Yajña existe en todo 
tiempo tan invisible como la energía almacenada en un acumulador eléctrico 
cuya actualización requiere únicamente el debido manejo del aparato. Supónese 
que el Yajña se dilata desde el ahavaniya o fuego del sacrificio, hasta los cielos, 
en forma de puente o escalera por la cual puede el sacrificador comunicarse con 
el mundo espiritual y aun elevarse en vida hasta las moradas de los dioses." El 
Yajña es una modalidad del akásha, y para actualizarla es preciso que el 
sacerdote iniciado pronuncie la Palabra perdida, bajo el impulso del poder de la 
voluntad. (lsis sin Velo -Ante el velo- , tomo primero).

(6) Quienes se inclinan a ver tres Egos en el hombre denotarán su incapacidad para 

advertir el metafísico significado de esta afirmación. El hombre es una trinidad 
de cuerpo, alma y espíritu; pero, sin embargo, el hombre es uno y seguramente 

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no es su cuerpo físico o transitoria vestidura. Los tres Egos son los tres aspectos 
del hombre en los planos astral, mental y espiritual.

(7) Véase Magia blanca y negra por Franz Hartmann

(8) Véase Luz en el Sendero

(9) Véase Comentarios a Luz en el Sendero

(10)Mabel Collins, Por las Puertas de Oro

(11)Por las Puertas de Oro.

(12)Luz en el Sendero

(13)Por las Puertas de Oro

(14)Bhagavad Gita

(15)Molinos, Guía Espiritual

(16)Bhagavad Gita

(17)Bhagavad Gita

(18)Comentarios a Luz en el Sendero

(19)Luz en el Sendero

(20)Bhagavad Gita

(21)Luz en el Sendero, Regla 4.

(22)Bhagavad Gita

(23)Bhagavad Gita

(24)Hartmann, Magia blanca y negra

(25)Se entiende aquí por fe el conocimiento adquirido mediante el ejercicio del 

altruismo y la benevolencia.

(26)Bhagavad Gita

(27)Bhagavad Gita

(28)Spirit of the New Testament, pág. 508.

(29)Spirit of the New Testament, pág. 513.

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(30)Theosophist, julio de 1889pág. 590

(31)Theosophical Siftings. Nº 3, vol. 2-89.

(32)Patanjali, Aforismos del Yoga.

(33)J. Buck, Man, pág 106.

(34)Hartmann, Magia blanca y negra

 

 


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